Si eres docente o trabajas en una
escuela, te encuentras, igual que yo, a punto de iniciar un nuevo ciclo
escolar. Es cierto que la pandemia vino a mover el suelo para todos desde ese
marzo de 2020 cuando se detectaron los primeros casos en el país y en el estado
y nos vimos obligados a dejar nuestras escuelas y a improvisar un trabajo a
distancia con nuestros medios y lo mucho o poco que supiéramos del uso de las
tecnologías.
Ese ciclo 2019-2020 finalizó como mejor supimos, trastabillando ante la
poca preparación previa de muchas de nuestras escuelas y colectivos. Sin embargo,
emprendimos un curso 2020-2021 con muchos ánimos (equiparables a nuestras
inquietudes y miedos) y montamos en cada escuela, mecanismos que nos
permitieran atender a distancia el proceso educativo: canales de YouTube, redes
sociales, videoconferencias diarias, clases pregrabadas, grupos de WhatsApp, cuadernillos
físicos... solamente para terminar desgastados por la falta de interés de
algunos padres, alumnos y nuestras autoridades, pero felices por haber cumplido
con nuestra tarea.
Ahora, en la puerta del nuevo curso escolar, nos encontramos con un
panorama incierto. Sabemos que se nos quiere en las aulas, quizás para
justificar nuestro sueldo frente a aquellas autoridades que desconocen el
trabajo que hemos hecho en los últimos 17 meses, quizás realmente pensando en
la situación que niños, niñas y adolescentes han vivido en este casi año y medio
de encierro. No podemos pasar por alto que, efectivamente, la escuela es el
segundo hogar de nuestros alumnos y para muchos, quizás el único sitio seguro,
alejado de sus victimarios, abusadores o agresores. Sin embargo, sabemos que
las condiciones de nuestro sistema educativo dificultan que los centros
escolares públicos cuenten realmente con los insumos y la infraestructura
adecuada para garantizar que el derecho a la educación y al cuidado de la salud
se cumplan de manera concomitante en medio de esta crisis sanitaria.
No voy a detenerme mucho en este punto, pues sería dar vueltas sobre lo
que siempre hemos sabido: el presupuesto que se destina a la infraestructura
educativa no es ni medianamente suficiente y no, no se debe a que los sueldos
de los docentes sean excesivos, pero ese tema es ya harina de otro
costal. Creo que hoy más que nunca es importante analizar qué SI podemos
hacer y sobre que si tenemos control para garantizar nuestra seguridad y la de
las niñas, niños y adolescentes que regresen a las aulas. Para esto creo
necesario que reconozcamos algunos puntos.
1.
El acuerdo 30/07/2021, nos
marca que ya puede facilitarse: "El regreso a las labores presenciales en las instalaciones físicas de las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal, de todos aquellos servidores públicos que concluyeron el proceso de inmunización contra el COVID19, respetando las medidas sanitarias y de sana distancia determinadas por la Secretaría de Salud; en estos casos, antes de su reincorporación, deberá aplicarse una prueba de detección de COVID-19. "
Al ser los docentes servidores públicos,
este acuerdo ya publicado en el DOF aplica para todos nosotros, únicamente
resta que sea la SEP quien emita los lineamientos específicos como Secretaría.
Esto significa que el regreso a las aulas será voluntario para los estudiantes,
pero que nosotros, en algún momento y bajo los criterios que emitan nuestras
autoridades, tendremos que reincorporarnos. Estoy segura de que estos
lineamientos deben darse en los próximos días, previo al 30 de agosto con el
fin de que nuestra reincorporación se de en los términos legales pertinentes.
2.
2.- Aún hay muchas dudas acerca de cómo se va a trabajar el taller
intensivo (del 18 al 20 de agosto) y el CTE ( del 23 al 27 del mismo mes)
Aunque hay algunas autoridades que insisten en que será presencial hasta que se
gire la instrucción, hay que prestarle atención a la fracción V del artículo 1
del acuerdo 30/07/21, que señala “El uso de las tecnologías de información y comunicación para la realización de sesiones y reuniones de trabajo, acciones de capacitación y similares a efecto de minimizar el traslado, contacto y riesgo de contagio entre las personas servidoras públicas".
Ante esto, cabe suponer (hasta que se gire
la instrucción precisa y por escrito) que estos serán en línea, pues no
requieren realmente de una estancia en la escuela para su correcta realización.
3.
3.- Si bien los insumos que se nos proporcionan no son ni serán
suficientes, hay que tener en cuenta que existen lagunas en los documentos
donde qué tanto es suficiente queda al aire, incluyendo el hecho
de que algunos materiales como las mascarillas y trajes e implementos de
seguridad son únicamente contemplados para el personal de la Secretaría de
salud.
Ante esto solamente
queda revisar la Guía de orientación para la reapertura de las escuelas ante
COVID-19 (Actualización 28 mayo 2021),
que entra como parte de la sesión 2 del CTE así como otros documentos emitidos
por las autoridades para el “regreso seguro”.
4.
4.-Ni la SEP ni la SEGEY van a proporcionarnos un plan adecuado para
cada escuela. Eso lo tendremos que hacer cada colectivo, de manera consensuada,
analizada y organizada en conjunto con los padres de familia. Tampoco me voy a
detener en un análisis de si esto es correcto o no, sencillamente, desde una
perspectiva realista, creo que todos sabemos que cada comunidad educativa tendrá
que cuidar de sus miembros, ya que nadie más lo hará. Ante esto, hay algunas
sugerencias que quizás puedan servir:
a) Los filtros sanitarios, el
material de trabajo y los comités de salud son necesarios, como han sido
siempre, pero lo principal es
*Asegurar una distribución del
alumnado que permita mantener la sana distancia.
*Acuerdos y entendimiento firmes
entre las madres, padres y tutores para dejar en claro que nos cuidamos unos a
otros o nos ponemos en riesgo. Esto implica la conciencia de que el uso
correcto del cubrebocas es tan indispensable como el cuidado de las familias y
los niños fuera de las horas de clase. Al mandar a los NNA a la escuela nos
volvemos corresponsables de la salud de todos los que asisten a la misma. Esto
también implica un cambio de hábitos, en los que los alimentos se preparan y
empacan en casa y se consumen en el salón de clase en horarios establecidos.
*Establecer también con los padres y
la comunidad la exigencia de que TODOS LOS GRUPOS cuenten CON TODOS LOS
DOCENTES desde la capacitación ya que en esta contingencia no podemos darnos el
lujo de tener tiempos muertos, horas “libres” y clases sin atender porque no se
cuenta con el personal. Esto solamente pondría en más riesgo a los alumnos y al
personal existente y representaría una nueva falta de respeto hacia las
organizaciones escolares.
b) Para preescolar y primaria, la
alternancia con 3 horas de clase, propuesta por el Secretario de Educación del
estado, es pertinente, pero más de que una alternancia de días, podríamos
considerar una alternancia de semanas, ya que de esta manera podría trabajarse
con las “burbujas” que nos sugieren, pero dando tiempo de una semana después de
asistir a la escuela para determinar si existe algún contagio, avisar a la
escuela de manera oportuna y tomar las medidas correspondientes. Para secundaria,
la alternancia semanal es la única opción viable para aplicar sin atropellar
los derechos de los compañeros y sus necesidades de horarios que les permitan
el traslado entre sus centros de trabajo. De esta manera, media escuela asistiría
la semana A y media escuela la semana B.
b) En cuanto a los niños cuyos padres
determinen que no asistirán a la escuela, también hay consideraciones para
hacer. En primer lugar, debemos ser realistas. Una vez que retornemos a las
actividades presenciales, no podemos atender fuera de nuestro horario, como
hemos venido haciendo los últimos 17 meses. En primer lugar, por que es nuestro
derecho, en segundo porque tampoco es viable. Habrá compañeros que tendrán que
trabajar en otros turnos por la distribución de las horas y sus tiempos de
traslados. Ante esto, las opciones que tenemos son:
*Que la escuela haya previsto esta
situación y/o tenga los recursos para permitir que haya conexión a internet,
estable y suficiente, para que los profesores puedan “transmitir en vivo” sus
clases durante su horario presencial, con el fin de atender simultáneamente a
ambos grupos en el supuesto de que quienes se queden en casa cuenten con
conectividad, estableciendo días y mecanismos para la entrega de trabajos de este
último grupo.
*Que los alumnos trabajen a distancia
con la programación “Aprenda en casa” (como marca la estrategia federal) y se
designen días de entrega de tarea en la escuela. Esto implicaría una planeación
diferenciada entre los que asistan a clase presencial y los que se queden en
casa y la necesidad de que los profesores atendieran a los programas de TV.
5.- Como personal de la escuela,
tendremos también que cuidarnos entre todos. Somos corresponsables los
directivos, los docentes, los administrativos y manuales de la salud de todos
nuestros compañeros, no por decisión, pero tendremos que asumirlo de esta
manera. No somos islas y el autocuidado puede ayudarnos a mantener a salvo
nuestras vidas y las de nuestras familias.
6.- Todos tenemos y tendremos miedo
de retomar actividades. No existirá un “regreso seguro” mientras las cifras
sigan subiendo. Todos tenemos opiniones respecto a que los alumnos regresen a
las aulas, pero la decisión final no es nuestra, sino de los padres. Podemos generar
conciencia y hacer lo que esté en nuestras manos para seguir los lineamientos y
los protocolos, pero, al final del día, cada familia será responsable de la
salud de sus hijos y del riesgo que corran o representen para otros al asistir
a la escuela.
7.- Tenemos que acostumbrarnos a
pedir -y a exigir, por qué no- que cada uno haga la parte que le corresponde.
Solamente de esta forma, nuestras posibilidades de salir de esta situación manteniendo
nuestra salud, podrán mantenerse firmes. Esto implica, como colectivo exigirnos
unos a otros el cuidado y seguimiento a las medidas, a nuestras autoridades,
directivos, supervisores, directores de nivel, secretarios, realizar el trabajo
que les corresponde para que las condiciones y equipamiento de las escuelas
sean adecuados, para que los materiales
de limpieza sean entregados periódicamente, que los docentes sean asignados a
tiempo, que las campañas hacia los padres no sean las de no aportar nada a la
escuela sino entender que ser y hacer comunidad es apoyarnos entre todos.
Todas estas son únicamente ideas, que con seguridad no son aplicables a
todas las escuelas y a todos los contextos, pero pueden servir de punto de
partida para que cada colectivo, en el ejercicio de su autonomía de gestión,
dedique realmente un espacio a la evaluación de sus condiciones de partida y trate
de encontrar estrategias para mantenerse lo más seguro posible en este regreso
en medio de una tercera ola. Al final y como siempre, la resolución de los problemas
de cada escuela estará únicamente en manos de quienes la componen.
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